El horno de leña es el elemento que define nuestro pan. La temperatura constante que genera produce una corteza crujiente y una miga jugosa que no se consigue de otra forma, porque la cocción es más suave y homogénea que en los hornos convencionales.
Además de mejorar el sabor, esta forma de hornear nos permite ofrecer un producto más sano sin renunciar a la calidad. Cada horneada respeta los tiempos de la panadería tradicional, con masas elaboradas a partir de ingredientes naturales y harinas seleccionadas.